Peleas de pareja

Estuvieron esperando al bebé, pero una vez que llega comienzan las discusiones: ¿cómo evitarlas?

Un bebé en la casa supone muchas tareas que una pareja a veces no prevé. Por lo tanto, es usual que después del nacimiento se generen tensiones entre los miembros de la pareja por el stress que generan las nuevas ocupaciones. ¿Cómo evitar esas peleas cotidianas? Aquí reunimos una serie de situaciones que disparan las disputas y recomendamos cómo evitarlas.

La primera suele ocurrir cuando el papá no puede controlar los llantos del bebé y acude a la madre para que lo calme: “Es tuyo, no quiere estar conmigo”. Así suelen empezar muchas discusiones: la mamá puede sentir que no puede tener ni un segundo de descanso del cuidado del bebé.

Para estos casos, una ayuda muy útil es proponer algunas rutinas al padre. Por ejemplo, una buena posibilidad es que el papá sea el encargado de bañar al bebé. De este modo, el bebé estará tranquilo cuando su padre lo lleve a la bañadera porque sabrá qué puede esperar. A su vez, al papá le va a servir para generar confianza en el bebé: cuando esté intranquilo, el pequeño sabrá que su progenitor lo puede ayudar.

Otra caso muy frecuente es cuando se pide a la pareja que se ocupe del bebé: “tengo demasiado cansancio, no lo puedo cuidar yo”. Esto casi siempre genera un griterío inmediato.

Debemos tratar de evitar estos planteos, ya que sólo llevan a una competencia por ver quién tuvo más problemas durante el día. Una posible solución es pedir ayuda a familiares o amigos para que nos cuiden al bebé de vez en cuando, para así poder descansar un rato y entretenerse.

Otro modo de evitar la pelea es generando una división de tareas donde se piense cuál es el momento de descanso de cada uno. Por ejemplo, se pueden dividir las noches que hay que ocuparse del bebé: una noche el padre y otra la madre. O si uno de la pareja trabaja y el otro no, se pueden dejar las noches de la semana para que el que trabaja descanse. Durante el fin de semana, en cambio, es el turno de descansar del que permanece en casa.

“Salgo al kiosco un segundo” o “dame un minuto que quiero hacer algo” también son frases que desencadenan peleas, ya que muchas veces ese minuto o segundo se transforma en una hora. Esto suele ocurrir cuando uno de los padres se siente abrumado por la falta de tiempo para uno mismo.

En esta situación, lo mejor es tomarse un buen rato para tener una charla madura. A través del diálogo se puede llegar a un entendimiento para organizar una rutina en la que cada uno tenga momentos para sí mismo, que pueda aprovechar para hacer lo que más le guste.

Finalmente, otro planteo conflictivo es el clásico “la casa es un desastre, ¿qué hiciste que no limpiaste?”. Estas palabras se suelen escuchar porque muchas veces si uno no está todo el día en la casa no sabe cuánto trabajo cuesta criar a un bebé.

En estos casos, nuevamente lo mejor es el diálogo. Conviene charlar sobre los problemas que genera el cuidado del pequeño y llegar a un arreglo en el que se dividan las tareas. Por ejemplo, uno puede encargarse de la comida y el lavado de ropa y otro se puede encargar del lavado de los platos y la limpieza de la casa.

Debemos tener en claro que estos conflictos son muy normales en todas las parejas: nadie nace aprendiendo cómo criar a un bebé, y muchos se sorprenden de lo difícil que es. Por eso, lo mejor es encarar el desafío con el esfuerzo de los dos, tratando de evitar las peleas a través del diálogo.


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